El Suricato habla, Ep. 83: La tortuga se mueve “Eric”

Buenos días, tardes o noches, dependiendo de la hora a la que me estéis leyendo.

Esta semana, la tortuga está empezando a frenar, así que, vamos a terminar el mes de Pratchett con Eric, una reinterpretación del mito de Fausto por el autor británico.

Para los que no estén familiarizados con Fausto, a grandes rasgos, leed el artículo de la Wikipedia, que yo estoy aquí para hablar de Pratchett, no de Goethe.

Esta es la cuarta novela que Rincewind protagonizó. Comienza, más o menos, donde estaba al final de Rechicero. Atrapado en otra dimensión.

Sin embargo, en el tiempo entre Rechicero y esta historia, Rincewind ha encontrado una manera de huir de las llamadas dungeon dimensions y ha conseguido entrar al Infierno de alguna manera, puesto que Eric, el personaje titular, le invoca por error.

Eric le pide a Rincewind tres deseos distintos.

El primero, dominar el mundo. El segundo, conocer a la mujer más bella de la historia. El tercero, vivir para siempre.

Desde el comienzo, el mago le explica a Eric, un demonólogo de catorce años de edad, que, en realidad es bastante inepto y que no puede hacer magia, en contra de parecer un mago.

Rincewind le dice que, aunque lo quiere, no puede cumplir los deseos de Eric con chasquear los dedos. Como cabría esperar en una novela de Rincewind, en cuanto el mago chasquea los dedos, hace magia. Pratchett tenía una especial predilección por la tortura psicológica de Rincewind.

Así pues, cuando Eric, el loro del chico y Rincewind se recuperan, se encuentran en medio de un imperio azteca. Esto es el primer deseo del muchacho. Tristemente para él, no había especificado qué mundo quería dominar, de manera que es el gobernante de un mundo un tanto reducido.

Tras escapar un sacrificio ritual (cosas de aztecas y sus dioses), Rincewind chasquea sus dedos una vez más.

Esta vez, aparecen en el interior de un caballo de madera. Obviamente, la mujer más bella de la historia es por la que se lanzaron centenares de barcos. Sí, tanto Eric como Rincewind están en el asedio de Tsort, el equivalente de Troya.

Y, en este asedio, Laveolo, antepasado de Rincewind, demuestra que hay maneras más inteligentes de infiltrarse en una ciudad que con un caballo de madera.

Como todos sabemos, los conejos de madera no funcionan, porque se pueden catapultar fuera del recinto.

En cualquier caso, una vez Rincewind chasquea sus dedos de nuevo, se cumple el tercer deseo de Eric. Sin embargo, como quiere vivir para siempre, significa que, para ello, tendría que vivir desde el comienzo del tiempo.

Cuando Eric y Rincewind asimilan que les quedan un par de millones de años antes de poder aprovechar su vida eterna de una manera entretenida, Eric le pide a Rincewind que anule su deseo. Al hacerlo, ambos terminan en el Infierno, donde Astfgl, el líder del muy burocrático Infierno, les está esperando.

Ahí, también, está Lord Vassenego, el demonio al que Eric tendría que haber invocado. Sin embargo, eso no se debe a un error del joven demonólogo, sino a una jugada calculada de Vassenego, que está preparando un golpe de estado.

Esta novela de Pratchett no es la mejor. Ni mucho menos.

Pero, como siempre, aunque no sea la mejor, eso no la hace mala. Pratchett no plantea un tema político con ella ni tampoco filosófico. Al menos no tanto como en otras de sus novelas.

Sin embargo, lo que sí que hace es contar una historia divertida al tiempo que expandía el MundoDisco de una manera ejemplar. Y hace que uno se ría de manera descontrolada.

Como siempre, cerraré con una de mis citas favoritas del libro:

“Los dioses del Disco nunca se habían molestado sobremanera con el tema de juzgar las almas de los muertos, así que la gente solo va al Infierno si creen, en lo más profundo de su corazón, que es ahí donde tienen que ir. Sin embargo, no lo harán si no saben de su existencia. Por eso es de vital importancia disparar contra los misioneros nada más verlos.”

 

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About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
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