Tributo a Pratchett (2017)

Terry Pratchett…

¿Cuántos tributos he visto escritos?

Probablemente más de cien. Algunos cortos, algunos largos. Casi todos en páginas de fans.
Hace dos años, estaba sentado con un amigo de industriales, escuchando música (Iron Maiden, de hecho), cuando me entró un correo. El sol estaba en un cielo rojo y me estaba cegando.

Aquel día, estaba esperando un correo importante. No recuerdo de qué era. Posiblemente, algo de la universidad. Honestamente, me da igual no recordar eso, porque el correo importante de verdad de ese día fue, obviamente, el que me entró primero.

Vi su foto.

Vi una frase que rezaba “It is with immeasurable sadness…”. Aún tengo el correo. Podría transcribirlo aquí sin problemas. Sin embargo, aquel día solo pude leer esas palabras. Se me cerró la garganta. Dejé de procesar información. Le dije a mi amigo, ahogándome, que no podía estar ahora con nadie. Creo que le expliqué, por encima, lo que decía el correo. Por aquel entonces, ya todos sabían cómo me sentía acerca del creador del MundoDisco.

Mi amigo no objetó. Sonrió y me dijo que no pasaba nada.

Me fui, dejando atrás la Politécnica y, en ella, una parte de mí.

Era inevitable. No había perdido a mi mejor amigo. Nunca conocí a Pratchett, de manera que, tristemente, no puedo llamarle mi amigo. Sin embargo, sí que perdí a uno de los profesores más importantes que he tenido nunca.

Este escritor no solo formó mi opinión del mundo cuando era un adolescente. Aun hoy, cuando cojo alguno de sus libros – ya sea uno que no he leído o uno que me sé de memoria –, siempre puedo sacar algo.

Mis padres me educaron bien, no hay duda. Pratchett rellenó lo poco que ellos no me dijeron y se aseguró de que las lecciones se quedasen en mi cabeza para siempre.
Pratchett me enseñó que la justicia y la ley no siempre son lo mismo. Sí, ya sé que queda muy cursi y lo que sea, pero es verdad. Pratchett siempre me recordó que había que ser decente con la gente. De hecho, aunque, de vez en cuando, se burlaba de aquellos que creemos que todos podemos redimirnos, sabía que es así. En todas sus novelas, recuerdo a pocos personajes que no tengan redención. Sí, existen. Pratchett sabía que había gente fundamentalmente mala y rota, pero, aun a pesar de aparecer en sus novelas como los villanos, siempre daba a entender que esa gente es la excepción.

Los que no son la excepción, sino la norma, son todas aquellas personas que son estúpidas y egoístas. No mezquinas y malvadas. Estúpidas y egoístas. Pienso ahora en ¡Guardias! ¡Guardias! y a pesar de que el villano es, claramente, alguien malo, los que le permiten llegar ahí son una panda de patanes egoístas y narcisistas.

Es cierto que muchas otras personas dijeron eso mismo antes que él. Sin embargo, para mí, él fue el que me lo terminó de meter en la cabeza.

También, con Pratchett y sus ensayos aprendí algo muy útil: la ira es mi amiga. La furia también.

Yo no soy una persona violenta. Sí, de vez en cuando, me gusta juntarme con algunos amigos y hacer combate, pero cuando lo hago, no es para liberar mi frustración y enfado.

Lo hago por diversión.

No. Pero Pratchett me enseñó que la mejor manera de liberarme a mí mismo era escribir. Historias como la de Tracer, ensayos como el del año pasado o… cualquier cosa, en realidad.

Hay gente que, cuando le lee, piensa que era un hombrecillo alegre y un tanto mordaz.

No es así.

Pratchett era, por lo que he leído y visto de él, educado y amable. Pero no alegre. Era cómico y divertido, sí, pero no alegre. Era un hombre que estaba enfadado. Como lo estaban Vimes y Granny Weatherwax. Estaba enfadado no solo con el mundo, sino con los que lo habitamos. Estaba enfadado con nosotros porque somos estúpidos y hacemos el mal porque somos vagos.

Esa ira, ese cabreo define casi todas sus novelas. Es cierto que, algunas (El color de la magia, por ejemplo) no tienen ese tono. Pero el resto sí.

Esa furia y decepción con la especie humana y, al mismo tiempo, amor y fe en ella, era lo que habla a todos sus fans.

Sí, le frustraba que todos fuesen torpes, egoístas y lerdos. Sin embargo, nos quería a todos porque, como él bien sabía, somos gente.

Gracias a él, yo he aprendido a redirigir todas mis emociones y a aprovecharlas de una manera, si no útil, al menos entretenida. Es cierto que, cuando se leen cosas mías, es posible que la emoción dominante sea el ennui. Pero no por ello son peores que lo que Pratchett escribía.

No.

Son peores porque Pratchett era tanto mejor que yo.

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About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
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