El Suricato habla, Ep. 80: La tortuga se mueve “Brujerías”

Buenos días, tardes o noches, dependiendo de la hora a la que me estéis escuchando.

Como la semana pasada, ¡la tortuga se mueve! Seguimos con el mes de celebración de Terry Pratchett.

Esta semana hablamos de Brujerías, la sexta novela del MundoDisco y… En inglés es mejor. En inglés, se llama Wyrd Sisters, una referencia a las tres brujas del MacBeth de Shakespeare. Porque esta novela está protagonizada por una versión de las tres brujas. Y, de hecho, las similitudes no terminan ahí.

La historia empieza con el Duque matando al Rey Verence, el rey “bueno,” hasta cierto punto, de Lancre. Es cierto que quemaba casas pero, cuando lo hacía, se podía ver que era un tema personal, mientras que el Duque lo hace porque es lo que hay que hacer.

Cuando, hace cuatro meses twiteé que esta era mi segunda versión favorita de MacBeth, lo hice por una razón. Es una subversión excelente de la historia clásica de la caza del poder (y creo que no voy a meterme a hablar de MacBeth, las obsesiones de Shakespeare con el poder y la legitimidad de dicho poder. Solo me meteré con las de Pratchett, que me parecen más relevantes no solo para la reseña, sino por el momento) y acerca de los deberes de un rey. Y el poder del teatro.

De entrada, voy a dar un poco por encima la trama:

El Duque mata al Rey cuando su mujer se lo sugiere en repetidas ocasiones.

Mientras el Rey es ejecutado, soldados leales a Verence huyen con la corona y su hijo. Ellos se cruzan con las tres brujas del título original: Granny Weatherwax (no, jamás me referiré a ella por su traducción), Nanny Ogg y Magrat. Uno de los soldados del rey le entrega a las mujeres al bebé. Unos minutos después, llegan los soldados del Duque. Uno de ellos, claramente un hombre de la explanada en lugar de las montañas, no cree que las brujas tengan poder real. Sin embargo, averigua de manera definitiva y letal que, en efecto, Granny no es la clase de la persona a la que a uno le interesa antagonizar.

Las brujas deciden que deben rescatar al bebé y evitar que muera. Las brujas entregan al bebé a una tropa de actores ambulantes puesto que ellos se encargarán de protegerle.

Por otro lado, Lancre empieza a objetar al nuevo rey que tiene, puesto que al Duque no le importa el país. Solo el poder. Aunque, todo sea dicho, se podría decir que es la Duquesa la que está interesada en el poder.

Finalmente, otro de los personajes principales es el bufón, un joven… payaso que aconseja al Rey, puesto que tiene que ser leal al rey (sea quien sea) hasta la muerte (da igual de quién sea).

Vamos a hablar ahora de Pratchett y su ideología. No creo que Pratchett fuese un republicano ni un monárquico radical. Y, de hecho, tampoco importa demasiado. A Pratchett, lo que le importaba era que los líderes del país, independientemente de cómo consiguiesen el poder, lo que tenía que importarles era la gente sobre la que tenían control. Y se esmera en dejarlo claro una y otra vez a medida que avanza la trama. Los personajes repiten por sistema que, es cierto que el antiguo rey quemaba las casas de sus súbditos cuando se portaban mal o se aburría, pero que él siempre se aseguraba de que no hubiese nadie dentro del edificio.

En todo momento Pratchett deja claro cuáles son los deberes de un monarca. Independientemente de su legitimidad, un líder tiene, indiscutiblemente, que preocuparse por sus súbditos.

También, el autor se aseguró de dar a entender que, por norma general, la gente es decente. Si bien es cierto que hay gente que está fundamentalmente rota y que es, indiscutiblemente, mezquina y cruel, no es lo normal. Al menos, en la opinión de uno de los autores más furiosos con la humanidad y que, en efecto, más creía en ella.

Finalmente, Pratchett habla, como en casi todas sus novelas, de la importancia de pensar en lugar de recurrir a la magia para solucionar todos los problemas que uno tiene. También, como cabría esperar en un tributo al bardo, el autor se esmera en explicar que el teatro y el lenguaje en sí mismo, tienen control sobre la gente y que, hasta cierto punto, el teatro es mágico por sí mismo.

Como la semana pasada, os dejo con un pasaje brillante del libro:

“Un hombre vino a verme la semana pasada a preguntarme si quería pagar impuestos,” dijo Magrat. “Le dije que no.”

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About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
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