El Suricato habla, Ep. 74: Una serie de catastróficas desdichas

Buenos días, tardes o noches, dependiendo de la hora a la que me estéis leyendo.

Esta semana voy a hablar de una serie de Netflix. Sí, ya lo sé. Es chocante que siga reseñando cosas de este servicio de entretenimiento, pero, ¿qué le puedo hacer? Aparte de abandonar mi habitación, se obvia.

Y no, eso no va a pasar. He descubierto a qué hora abrir la ventana para maximizar el aireamiento de la habitación al tiempo que minimizo el frío. No hay necesidad de abandonar mi ordenador. Salvo para ir clase. Y eso está en el futuro lejano de dentro de una semana.

En cualquier caso, vamos a hablar de una de las series que mejor ha adaptado el espíritu de una novela en los últimos años.

Y Juego de tronos me importa medio carajo, por cierto.

En cualquier caso, ¿por qué me parece que está tan bien adaptada?

Porque me leí estos libros con dieciocho años y, personalmente, me parecieron de las mejores novelas que he leído nunca.

Descontando cualquier cosa que haya escrito Pratchett.

Obviamente.

Así pues, voy a hablar de la primera temporada de Una serie de catastróficas desdichas.

Originalmente, tras ver el primer capítulo, barajé hacer entre dos y cuatro episodios de la serie, pero, a medida que avanzaba, me di cuenta de que la temporada está tan bien hecha y todo fluye tan naturalmente que no tiene sentido separarlo de ninguna manera.

La trama de los episodios es la siguiente:

Los niños de los Baudelaire fueron un día a la playa. Mientras estaban ahí, su casa saltó en llamas, haciendo así de ellos huérfanos. A partir de ese momento, seguimos a los tres hermanos mientras se enfrentan a todo lo que la vida les lanza.

Y muy pocas cosas son buenas en la vida de los huérfanos.

Desde el principio, como en las novelas, Lemony Snicket nos guía por la historia, haciendo que sigamos a los tres huerfanitos con su narración. Y si hay una voz mejor que la de Patrick Warburton para el autor ficticio, no puedo imaginar cuál sería. Bueno, quizás la de H. Jon Benjamin. Pero estoy divagando.

Los protagonistas de la serie son los siguientes:

–Violet Baudelaire: la hija mayor y una joven dotada para la ingeniería. Aunque, quizás, sea demasiado ingeniosa como para ir a la Politécnica.

–Klaus Baudelaire: el mediano y ávido lector.

–Sunny Baudelaire: le gusta morder cosas.

–Lemony Snicket: el narrador de la serie y una presencia constante en los libros.

–El Conde Olaf: el archienemigo de los niños, está obsesionado con quitarle su fortuna a los huérfanos.

Estos son los personajes que acompañan al público durante todos los capítulos junto con, de vez en cuando, Poe, el banquero encargado de vigilar el dinero de los Baudelaire hasta que Violet sea mayor de edad.

La estructura de la serie es sencilla.

Cada dos capítulos equivalen a uno de los libros, con esta primera temporada cubriendo los cuatro primeros y más… “angelicales” de los tomos de la colección, por así decirlo.

Son las novelas más sencillas a la hora de presentar el mundo para el público, mostrando al Conde Olaf como alguien malvado sin más y a los huérfanos como jovencitos pobres, perdidos, positivos y buenos. No hay un sinónimo con “p.” Lo siento.

A medida que los tomos fueron subiendo en número, sin embargo, el mundo de los niños empieza a mostrarse cómo es realmente y sirve a enseñarle a los jóvenes lectores que la vida rara vez (si alguna vez lo fue) es en blanco y negro.

Pero no estoy aquí para hablar de las novelas.

No.

Estoy aquí para hablaros de lo maravillosamente bien que la serie captura los libros.

Normalmente, al traducir de un medio a otro, no se pueden transmitir las mismas emociones.

Sin embargo, esta serie ha sido adaptada a la pantalla por Daniel Handler, más conocido como Lemony Snicket.

El autor ya ha escrito algunos guiones más (por norma general para adaptar sus propias obras, pero da igual), de manera que sabe, más o menos, qué “traducir” y qué no.

Así pues, la serie consigue mantener el tono, humor y, más importante, ritmo apropiado para el tipo de entretenimiento que quiere ofrecer a la par que ser completa y totalmente fiel a las novelas en las que se basa.

Pero bueno, os explicaré rápida y sucintamente la trama de cada pareja de episodios: los huérfanos llegan a un sitio e intentan vivir lo mejor posible mientras el Conde Olaf conspira y confabula para robarles sus dineros.

No hace falta saber mucho más.

La serie está puntuada por oscura comedia y ágiles burlas y comentarios que uno no pueda evitar reírse descontroladamente… siempre y cuando uno esté a la altura cultural. Algunos de los chistes pueden ser un poco complicados para los más jóvenes de la casa o, en su defecto, para aquellos que no estén al día con los autores del Círculo de Bloomsbury.

El mayor problema con la serie, de hecho, es que, salvo el primer y octavo capítulo, los episodios son un tanto lentos. Sin embargo, todo eso se compensa con diálogos ingeniosos y divertidos y, también, con el excelente trabajo de los intérpretes.

Los actores, por norma general, son geniales (mi favorito es Usman Ally). Incluso los niños que, generalmente, son el eslabón más débil en esta clase de proyectos, trabajan increíblemente bien. Siempre y cuando tengamos en cuenta que son niños.

Pero no se puede hablar de esta serie sin mencionar lo bien que trabajan dos de los actores en concreto.

Empezaré por Patrick Warburton haciendo de Lemony Snicket. Tiene una voz grave y relajante y se dedica a narrar los eventos con una calma impropia de alguien tan involucrado con lo que está pasando en la pantalla. Sin embargo, eso no hace más que recalcar lo increíblemente miserable que es su retorcido reflejo, el Conde Olaf.

El Conde en cuestión es interpretado por Neil Patrick Harris. Comprensiblemente, el actor está cansado de hacer siempre los mismos papeles, de manera que ha aprovechado esta serie (que está produciendo, por cierto) para hacer algo distinto.

Y, aunque hace un trabajo espectacular, no puedo evitar ver en él al alegre y despreocupado actor. No porque actúe mal, sino porque es tan energético que no puedes evitar… adorarle.

Y ese es, junto con el ritmo de algunos capítulos, el único problema serio que le veo a la serie: el actor que hace del villano es demasiado carismático. Sin embargo, cuando lleguemos a la tercera temporada, este carisma se verá recompensado cuando se le dé más profundidad al Conde.

También, otro problema (aunque este es estrictamente personal), al principio me dio rabia que The Gothic Archies, el grupo de música alternativa de Daniel Handler, no interpretase el tema de la serie. Sin embargo, se nota la mano del escritor en las letras de las canciones y la voz de Harris es preciosa y hace de los temas pequeñas joyas. Aunque no tenga sentido dentro del universo. Pero bueno.

En resumen, una de las mejores series que he visto en mucho tiempo y, posiblemente, la mejor adaptación de una obra literaria a la pantalla. Aunque espero que sea superada por las que se avecinan: Buenos presagios, Dioses americanos y La Guardia

Es una buena época para los junkies del entretenimiento de cualquier tipo.

Antes de irme, sí diré que es un poco oscura y, desde luego, no es para todos los públicos en el sentido de que el humor es, de vez en cuando, muy negro y la serie quiere ser… deprimente, por así decirlo.

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About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
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