El Suricato habla, Ep. 67: Especial de Navidad de Blackadder

Buenos días, tardes o noches, dependiendo de la hora a la que me estéis escuchando.

Esta semana, como sigue siendo diciembre, voy a hablar de otro especial de Navidad. En este caso, de Blackadder y su especial de Navidad.

Blackadder, para los que no lo sepan, es una serie de la BBC que tuvo cuatro temporadas. Protagonizada por Rowan Atkinson, que hace del homónimo Blackadder a través de la historia.

Sin embargo, no voy a hablar de la serie entera, pero sí voy a definir al personaje, puesto que es crucial para entenderle.

En la serie, Edmund Blackadder es como House era en la serie epónima, pero más ingenioso. El personaje de Atkinson es la representación de una clase media frustrada por la estupidez de la clase baja (aunque no se molesta en ayudar) y la decadencia y falta de conexión con el mundo real de las clases altas (error que no se molesta en corregir puesto que siempre lo puede explotar para mejorar su propia posición).

En resumen, Blackadder es, posiblemente, todo lo que uno nunca debiera ser: cruel, mezquino, desagradable, egoísta… Sin embargo, gracias a su ingenio, el personaje siempre sale ganando… hasta cierto punto. Depende del capítulo.

Blackadder siempre es acompañado por su fiel siervo, Baldrick, la encarnación de la clase baja anteriormente mencionada. Y, aunque es cierto que la crueldad de Blackadder es excesiva, de vez en cuando, uno no puede evitar preguntarse cómo alguien puede ser tan estúpido como Baldrick. No es solo ser monumentalmente estúpido, sino insultantemente estúpido. El único personaje tan lerdo que yo recuerdo es Nobby Nobbs del MundoDisco y, aun así, Nobby es alguien que, aunque inculto y poco inteligente es astuto, así que… No, no conozco a ningún personaje tan irremediable e irredimiblemente corto.

Pero en el especial de Navidad, Ebenezer Blackadder, sin embargo, a pesar de ser alguien despiadadamente ingenioso y mordaz, tiene un corazón de oro y aunque, a veces, es un poco sarcástico, sigue siendo alguien fundamentalmente bueno que se preocupa por los demás hasta tal punto que todo el mundo se aprovecha de él sin darle nada a cambio.

Todo cambia, sin embargo, cuando le visita el espíritu de la Navidad. El espíritu, obviamente, quiere ir a ver a Ebenezer Scrooge, el protagonista de El Cuento de Navidad de Dickens, pero se ha equivocado de domicilio.

Sin embargo, Blackadder le pide al espíritu que le entretenga un rato.

El espíritu, siendo alguien agradable, decide mostrarle al benévolo y agradable Blackadder lo que hacían sus antepasados. Véase: ser una panda de desgraciados que solo estaban interesados en mejorar sus propias existencias.

Esto entretiene sobremanera al Blackadder de la era victoriana y le pide al espíritu que le entretenga toda la noche.

Por otra parte, tenemos a la reina Victoria y su marido, que están intentando recompensar a la persona más buena de Reino Unido. Obviamente, tanto la historia de Blackadder como la de la reina convergen al final.

Todo lo que acontece a Ebenezer no es más que una herramienta para enmarcar dos “anécdotas”, por así decirlo, de las dos temporadas anteriores de la serie. Sin embargo, al contrario que con el especial de los Power Rangers, ambas historias son originales y, debo decir, particularmente entretenidas y cómicas.

Gran parte, si no todo, del entretenimiento del especial radica en lo brillantemente ingenioso que es el diálogo (que teniendo a Rowan Atkinson involucrado, se puede asumir, es espectacular) y la cara de palo que el propio actor dona al recitar sus líneas. Esto hace que, combinando la absoluta y total desconexión de Atkinson con hilarantes frases, uno no pueda parar de reírse descontroladamente. Por otro lado, Tony Robinson, que hace de Baldrick, aunque siempre sale malparado, es entrañablemente (aunque irremediablemente) estúpido y uno no puede evitar reírse de su desmedido optimismo y actitud positiva ante la adversidad.

Y aunque la serie requiere una actitud un poco cruel por parte del público, el diálogo es tan brillante y las actuaciones tan excelentes que, a pesar de la crueldad de Atkinson, uno no puede evitar pasárselo bien.

Desde luego, el especial de Navidad no es el mejor capítulo de Blackadder. Ese honor lo reservaría para el capítulo final de la cuarta temporada, que consiguió combinar la oscuridad de la Primera Guerra Mundial con el optimismo de Tony Robinson, la estupidez desmedida de Hugh Laurie y la acidez de Atkinson, creando un maravilloso cóctel de sarcasmo, humor y… patetismo de la guerra.

Sin embargo, el especial de Navidad es un excelente comienzo para disfrutar a Blackadder.

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About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
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