El Suricato habla, Ep. 65: Arthur Christmas

Buenos días, tardes o noches, dependiendo de la hora a la que me estéis escuchando.

Este mes de diciembre, lógicamente, vamos a tener unas cuantas reseñas de Navidad. Básicamente porque no tengo ninguna excusa para ver las películas de los Power Rangers de Navidad… ¡Pero eso la semana que viene!

Esta toca… ¡Arthur Christmas!

Y… no la conocéis. Ya… Ya lo sé. No sé por qué pensaba que os iba a hacer ilusión.

En cualquier caso, Arthur Christmas es una película para toda la familia producida en la pérfida Albión.

Va acerca del verdadero significado de la Navidad. Y sí, hay como doscientas películas que hablan de lo mismo, ya lo sé. Pero esta me gustó y la recomendó uno de mis críticos favoritos, así que voy a hablar de ella. Como he dicho otras veces, si tenéis un problema, montad vuestro propio podcast y ponedme a caldo.

Pero bueno, estoy escribiendo este guion el mismo día que “empieza” la acción de la película, cuando una niña pequeña le manda una carta a Papá Noel.

En el polo norte, la recibe Arthur (de hecho, el mismo día que sale esta reseña si todo va como es debido). Arthur es, como se descubre unos minutos después, el hijo de Santa Claus y hermano del “heredero” del título.

Steven, el hermano de Arthur, es un joven egomaníaco apasionado por la tecnología y, aunque su padre (Maurice) es Santa Claus, Steven es el que realmente lleva a cabo el trabajo desde hace varios años. Al menos eso parece.

¿Cómo lo hace?

Utilizando alta tecnología militar robada a diversas potencias mundiales… Creo que ser Santa Claus es solo la fase uno del plan de Steven. No sé cuáles serán las siguientes, pero asumo que la final es control mundial y una sonora carcajada.

Bueno, dejando a un lado los planes de control mundial (o aparente ausencia de ellos) del hijo de Santa Claus, sigamos con la película.

El problema de la película aparece cuando una elfa descubre que no han repartido todos los regalos del año.

Bueno, uno de los problemas de la película. El otro es la rivalidad entre abuelo, padre e hijo acerca de quién debe ser Santa Claus en un juego de mesa que Arthur ha traído (es una metáfora).

Santa Claus no quiere dejar de ser Santa Claus porque tiene que hinchar su ego de alguna manera. Steven quiere ser Santa Claus porque le ha llegado su turno (de hecho, estaba tan seguro de que lo iba a conseguir, que se hizo un traje de raya diplomática de Versace). El abuelo, por su parte, se opone a la manera que su nieto tiene de llevar el negocio “familiar”. No solo se opone a ello, sino que se niega a aprender la palabra correcta y, en lugar de decir “tecnología”, dice “tecmología”.

Cuando Steven y Santa Claus se enteran de que una niña no va a recibir regalo de Navidad ese año, deciden que es un margen de error aceptable. Y, de hecho, lo es. De entre unos dos millardos de mocosos, no dar con uno es, francamente, increíble.

Sin embargo, Arthur se entera y decide que eso no es aceptable, que todos los niños se merecen tener una Navidad. No tanto por el regalo, sino por la emoción.

Así pues, el chico se monta (bajo órdenes de su abuelo) en el viejo trineo familiar (su padre ha estado usando una especie de nave especial desde los cincuenta o así) y va hasta la casa de la muchachita. Al menos, eso intenta.

A medida que la película avanza descubrimos que su abuelo no quería hacer la entrega por las razones filantrópicas que su nieto creía y que, de hecho, es posible que fuese el responsable de la crisis de los misiles.

También vemos que, a pesar de que Arthur es un chico “perfecto” (bueno, considerado, amable, etcaetera etcaetera…), también tiene un punto de inflexión que, si es pasado… no es agradable para él, por así decirlo.

La película es entretenida y tiene un doblaje genial y entretenido. Los diseños son interesantes, el protagonista, de hecho, recuerda un poco a Remy, de Ratatouille, pero el film, a pesar de beber de Pixar (el estudio por antonomasia de diseño 3D a gran escala), no es una copia del gigante y tiene su propia identidad.

El humor de la película es honesto, sencillo y bastante blanco (¿lo pilláis? Es gracioso porque es una película de Navidad y en Navidad nieva. Bueno. Se supone. En Madrid no tanto). También, aunque el personaje del abuelo está un poco perdido y senil, es comprensible, puesto que tiene casi cientocuarenta años. Sin embargo, su personaje, más que senil, es alguien estúpido pero lleno de buenas intenciones.

De hecho, eso es casi lo mejor de la película. Todos los personajes tienen las mejores intenciones, pero eso no impide que cometan errores y sufran.

Finalmente, lo mejor de la película es, indudablemente, el mensaje. Al menos en mi opinión.

El metraje quiere dejar claro que lo importante es intentar que todos los que te rodean sean felices. Que debes ayudarles.

Aunque es cierto que esta filosofía personal puede ser extenuante y destrozar la cordura de una buena persona (como le hace a Arthur en su momento más bajo), pocas personas se van a dedicar de una manera tan vigorosa a ello.

Es una película bonita, tanto visual como emocionalmente y, desde luego, merece la pena echarle un vistazo.

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About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
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