El Suricato habla, Ep. 58: M

Buenos días, tardes o noches, dependiendo de la hora a la que me estéis escuchando.

Esta semana, como he estado pillado preparando otras cosas para clase y aquí, voy a hablar de una de las películas que he tenido que ver para una de mis asignaturas: M, de Fritz Lang.

Y, asumo que os preguntaréis que qué puedo aportar con mi reseña a una película que es casi mayor que mis abuelos.

La respuesta es, simple y llanamente, nada. No puedo aportar nada nuevo o particularmente brillante. Si queréis una reseña interesante y hábil de este clásico del cine, leed la reseña de Roger Ebert. Dejaré el link en algún sitio.

Pero, si por alguna razón queréis conocer la opinión de una persona que considera El Ataque de los Clones medianamente tolerable (que no buena), pues entonces, por favor, quedaos aquí y permitidme que os deleite con mi voz.

Para los que no estéis familiarizados con M, os contaré de qué va rápidamente:

En Berlín, a comienzos de los treinta, un asesino anda suelto. El asesino, Hans Beckert (interpretado por Peter Lorre y presentado, posiblemente, de la manera más genial de la historia del cine) es un asesino de niños y, se da a entender, mucho más.

Después de matar a Elsie Beckmann, el asesino, obviamente, vuelve a su casa y la policía empieza a darle caza, como debiera ser. Sin embargo, para conseguir pararle los pies, la policía empieza a inmiscuirse sobremanera en los asuntos del inframundo, que parece estar todavía afectado por una de las peores hiperinflaciones de la historia.

Como cabría esperar, a los mafiosos alemanes no les hace ninguna gracia que la policía no les permita cacharrear con… bueno, todo en general: alcohol, prostitución, drogas, armas, robos, etc…

De esa manera, ambos bandos empiezan a trabajar en pillar al asesino, cuya presencia siempre es anunciada por En el salón del rey de la montaña. Y, en esas escenas, tal y como apunta Ebert, Lang demuestra su desprecio por la sociedad alemana del momento, haciendo tanto a los ladrones como a los policías igual de desagradables visualmente. Llega hasta tal punto, que, debo confesar, en algunos momentos me perdí, no sabiendo si estaba viendo a la policía o a los ladrones discutir la aprehensión de Hans Beckert.

Las escenas que siguen a las reuniones son brillantes. Con En el salón del rey de la montaña, Lang consigue ponernos nerviosos con mostrar a una muchacha en la calle andando sola.

La policía utiliza métodos más convencionales para localizar al asesino, remitiéndose a documentos para localizarle de alguna manera u otra.

Los criminales, por su parte, utilizan otro sistema igualmente ingenioso: los mendigos, los invisibles (tengo que hablar un día de ese cómic) de la ciudad para seguir a todos los sospechosos.

En cuanto le encuentran, Beckert ya ha descubierto que le están siguiendo, de manera que se encierra en un edificio. El personaje ya ha empezado a manifestar miedo, pero, como el público sabe, los únicos que saben tanto quién es como dónde está son los mafiosos, de manera que no entiendo muy bien por qué actúa como lo hace. Hans Beckert es alguien despreciable, cobarde y, en general, poco agradable (creo que solo podría caerle bien a Jeffrey Dahmer en cuanto empezase a hablar de su, a falta de mejor palabra, hobby). Lo que no es, es estúpido. Sí, manda cartas al periódico y a la policía, pero lo hace con suficiente cuidado como para no escribirlas en un lugar donde sean fácilmente localizables. Compra caramelos bastante genéricos para sus víctimas y, realmente, el único error que comete (aparte de, matar y, sospecho, mutilar a niñas prepubescentes) es fumar relativamente cerca de la escena del crimen.

Para los treinta, estamos hablando de un tío que haría que Lex Luthor se avergonzase de sus sofisticados planes. El tío domina lo que se debiera enseñar a todos los supervillanos: la belleza de la sencillez.

En cualquier caso, el personaje deja que los mendigos le atrapen en un edificio. Y yo me pregunto: ¿no sería más fácil decirle al guardia de seguridad del edificio que le están siguiendo unos ladrones y que llame a la policía por él? Hans no sabe que la policía está a punto de pillarle, ¿por qué debiera saber que ellos van a pillarle? Por no decir que es mejor arriesgarse y entregarse al sistema judicial (que le encerrará en un hospital psiquiátrico) a permitir que una panda de mafiosos te mate directamente. Después de todo, ¿no es mejor un psiquiátrico en los treinta que la misma muerte?

Me disculparéis si no estoy al corriente de la legitimidad o falta de dicha legitimidad de los hospitales psiquiátricos en la época en la que la eugenesia era considerada una buena idea.

Pero bueno, una vez le dan caza porque el personaje no miente descaradamente al guardia de seguridad (estoy hablando de una película de más de ochenta años, no hay spoiler que valga), los criminales deciden que hay que someterle a un “juicio”.

Beckert, por su parte, alega tener derecho a una defensa y procede a dar uno de los discursos más escalofriantes que jamás se haya plasmado en la pantalla. Mucho más que cualquier chorrada que pueda haber escrito Sorkin.

Lang no quiere que nos pongamos del lado del asesino, pero sí que le entendamos hasta cierto punto.

La película quiere (y lo hace) decir varias cosas a la vez. Sin embargo, no es como otras películas (como, por ejemplo, Elysium) en las que varios niveles de comentario social quedan apelotonados y se pierden entre sí. Se ve claramente que Lang quiere hablar de la invisibilidad de los indigentes (cosa que está brillantemente representada en un cómic de Saturday Morning Breakfast Cereal), que también quiere hablar acerca de las enfermedades mentales (el discurso del asesino me parece más que prueba suficiente) y, finalmente, su absoluto desprecio por la sociedad que le rodeaba, en la que todos estaban empezando a dar pasos de oca.

La potencia del film se ve aumentada por la casi total ausencia de música salvo, obviamente, En el salón del rey de la montaña.

La película es brillantemente inteligente, inquietante y fascinante.

También, antes de irme, diré que la letra de En el salón es bastante desagradable y, por ende, una magnífica elección como tema central para Beckert y la película en general.

Advertisements

About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
This entry was posted in mini/Podcasts, Películas and tagged , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s