El Suricato habla, Ep. 55: SAGA

Buenos días, tardes o noches, dependiendo de la hora a la que me estéis leyendo.

Esta semana voy a hablar de un cómic.

¿Por qué voy a hablar de este cómic en concreto y no de alguna serie, tal y como prometí la semana pasada?

Porque me compré el ejemplar más reciente y resulta que aparecen suricatos. Claramente, lo quiere el hado.

Así pues, voy a hablar de una de las colecciones de cómics que más me interesa. Al menos, que se esté publicando ahora. De momento no me parece que esté a la altura de Hellblazer, Lucifer ni The Sandman, pero si me parece que está contando una de las historias más interesantes que se están imprimiendo ahora.

Así pues, y sin más dilación, vamos a hablar de SAGA.

Antes de que lo compréis, sin embargo, debo avisaros de que el cómic es bastante explícito. No solo en lo que respecta al vocabulario de los personajes, sino al dibujo.

En cualquier caso, la historia de SAGA es bastante sencilla. Al principio.

Voy a intentar contarla de la manera más sencilla posible:

Alana y Marko son una pareja de alienígenas humanoides que se aman.

¿Hasta ahí bien?

De acuerdo.

Pues tienen una hija, Hazel.

En condiciones normales, esto está bien. La trama explicaría lo complicado que es educar a una niña siendo padres procedentes de culturas distintas.

Sin embargo, eso no es todo.

No.

Alana viene de Landfall, un planeta altamente tecnológico donde los habitantes tienen alas. Obviamente.

Marko, por su parte, es habitante de la luna de Landfall, un planetoide donde todos tienen cuernos y la gente hace magia. Lógicamente.

Como cabría esperar, ambas especies están entabladas en un conflicto que ha durado bastantes años. Suficientes, de hecho, como para que la guerra se “marchase” de los cuerpos astrales donde comenzó.

Por si eso no fuese suficiente, tenemos a otros personajes en la serie, como The Will, un cazarrecompensas, Prince Robot IV, un “sangre-azul”, un robot con un televisor por cabeza que está obsesionado con atrapar a la familia (Alana, Marko y Hazel)

Por otro lado, tenemos a Upsher y Doff, dos periodistas obsesionados con la historia de la familia y que quieren escribir un artículo acerca de ellos.

También está la familia política de Alana, a los que no les apasiona que su hijo se haya casado con el enemigo (como cabría esperar).

Y D. Oswald Heist, un autor de novelas románticas.

Y Ghüs, una foca humanoide.

Y muchos, muchos más.

Pero bueno, intentar explicar de qué va SAGA es como intentar hablar de qué va la vida o El guardián entre el centeno. No hay una respuesta correcta para todos porque el tema que tratan es tan amplio que no es posible encontrar una respuesta que satisfaga a todos.

Lo que sí puedo decir del cómic es que, a nivel visual es genial. Eso de entrada. Los diseños y el mundo que habitan los personajes son fascinantes.

Lo del mundo se debe, en parte, a que Vaughan (nada que ver con la radio) empezó a crear el mundo que ellos habitan cuando aún estaba en el instituto.

Por otro lado, la colección captura sorprendentemente bien diversos temas, como las relaciones sentimentales, el proceso de crecer, en qué consiste ser un padre, la guerra (hasta cierto punto) y las razones que llevan a la gente a hacer estupideces. Sin embargo, en el fascículo 37 (el más reciente) la guerra por Phang se plantea de manera demasiado sencilla, no solo porque es un conflicto algo más complicado de lo que me parece que sería en la vida real, sino porque el autor, normalmente, ha abordado los temas de una manera más gris y asegurándose de que, normalmente, todo es mucho más complejo de lo que parece.

Y eso es lo mejor que tiene SAGA: que todos los personajes tienen algo que les redime como personas y algo que las hace, bueno, despreciables.

Los personajes no terminan de atravesar la barrera de personaje a persona, pero están bastante cerca de ser personas en lugar de personajes.

El cómic plantea diversas situaciones de distintas maneras, como si las viesen los abuelos de Hazel, sus padres, o la niña, mismamente. Es interesante puesto que cada persona las ve de una manera distinta y tanto el autor como la artista intentan capturar los matices que nublan (o no) la vista de cada uno de ellos.

Por ejemplo, Hazel ve todas las situaciones como “normales” puesto que:

  1. Está creciendo en medio de una guerra.
  2. Si todo es raro y distinto para ella, lo normal es que todo sea raro y distinto. De esa manera, cuando pregunta por algo que, a su abuela, digamos, pudiera parecerle chocante, la niña lo hace porque no lo entiende.

En resumen, el cómic no solo es interesante, sino que hace que uno recapacite acerca de todo un poco sin sacarnos sobremanera de nuestra zona de confort (en mi caso, el sillón).

Visualmente, es maravilloso y los colores siempre están elegidos con sumo cuidado.

Finalmente, la niñera de Hazel es un fantasma.

Y, obviamente, los suricatos. Tantos suricatos…

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About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
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