El Suricato habla, Ep. 52: Kubo y las dos cuerdas mágicas

Buenos días, tardes o noches, dependiendo de la hora a la que me estéis escuchando.

El viernes pasado salió Kubo y las dos cuerdas mágicas, la nueva película de Laika, el estudio responsable de Los mundos de Coraline, Paranorman y Los Boxtrolls.

He visto dos de ellas y una no (y los que habéis leído mis artículos sabéis cuáles son). Y también he visto el único corto animado por ordenador que han hecho (está bien. Es la clase de corto que yo escribiría).

En cualquier caso, no exageraría diciendo que Laika me parece uno de los mejores estudios de animación que hay ahora mismo.

Pero ahora mismo no quiero hablar de eso.

No, de lo que quiero hablar es de Kubo y las dos cuerdas mágicas, a la que, a partir de ahora me referiré como Kubo sin más porque lo breve si bueno, dos veces bueno.

La trama de Kubo es sencilla y, de hecho, si habéis visto el tráiler, sabéis (más o menos) de qué va. Pero si, como mucha gente, no los habéis visto, os daré la versión corta:

Kubo es un chavalín que vive con su madre en una cueva. Todos los días va al pueblo al lado de su cueva a contar la historia de Hanzo el samurái y su enfrentamiento con el Rey Luna. También, todos los días, fracasa y no es capaz de llegar al final de la historia.

Sin embargo, el muchacho no cuenta la historia como una persona normal lo haría. No. El chaval tiene un shamisen mágico (o poderes propios, no se sabe) que le permite hacer que unos trozos de papel se muevan según su voluntad.

Lo que el chaval nunca puede hacer es quedarse en el pueblo de noche porque, si lo hace, le encontrarán.

¿Quiénes?

Los miembros de su familia materna.

Una perspectiva aterradora donde las haya. Más que nada porque su abuelo quiere arrancarle al muchacho su único ojo.

Las comidas familiares en el palacio de la Luna deben de ser superincómodas.

Así pues, el muchacho no debe quedarse fuera de la cueva de noche, puesto que se le vería desde la luna y, por ende, le vería su abuelo.

Sin embargo, una noche, el muchacho decide rezar a su padre y, como tiene solo diez u once años, el chico se distrae y queda fuera hasta que sale la Luna. Ahí es cuando le encuentran sus tías, una pareja de mujeres cubiertas con máscaras y mantos de plumas.

Antes de que le atrapen para arrancarle el ojo, sin embargo, la madre de Kubo (que se pasa los días en un estado catatónico) interviene y le salva, entregando su vida al luchar con sus hermanas.

Poco después, Kubo despierta y descubre que el amuleto de mono que lleva encima ha cobrado vida para protegerle gracias a un encantamiento que su madre puso sobre él.

De esa forma, el chico decide, junto con Mono, que tiene que encontrar la armadura dorada, un juego de peto, yelmo y espada mágicos que le servirá para derrotar al Rey Luna, tal y como el chico contaba en sus historias.

Al mismo tiempo, les acompaña un pequeño samurái de papel que responde al nombre de Hanzo. Es como un GPS de origami, a pesar de que, como dice Mono, parece que se usaron tijeras al hacerlo.

A mitad de la aventura, se cruzan con Escarabajo, un gigantesco escarabajo humanoide que antaño fuera un valiente y hábil samurái, seguidor de Hanzo, el padre de Kubo.

De esa manera, los tres (cuatro, si contamos con Hanzo) personajes salen en busca de la armadura dorada.

Y la película va de eso. Es como una road movie pero con elementos fantásticos. Y sin carretera. Aunque, teniendo en cuenta La Odisea, creo que las carreteras no son estrictamente necesarias.

Y, ahí es donde falla un poco el film. De vez en cuando, cuando los personajes están teniendo momentos más íntimos, que sirven para que les conozcamos y todas esas cosas que otras películas consideran innecesario *tose* Escuadrón Suicida *tose*, pues, uno podía sentirse un poco sacado de la película. Ahora mismo no sé exactamente por qué es así, pero en esos momentos (que podría contar con los dedos de una mano), la película fracasaba captando mi atención.

Mientras que hay momentos que, para mí, eran demasiado lentos, el final parece ser solucionado de golpe y, aparentemente, sin casi ninguna razón. No puedo decir mucho más salvo que habría agradecido que las escenas que se me hicieron algo tediosas se hubiesen recortado para poder aprovechar el metraje extra y dárselo a las escenas finales.

Sin embargo, el resto de la película me parece excelente. La animación, como cabría esperar de este estudio, es increíble.

La atención al detalle es genial y rara vez podía notarse la diferencia entre lo que se había animado manualmente y lo que se había hecho a ordenador.

También, como debe ser en una película de stop-motion, de vez en cuando, la animación es un poco espasmódica, pero, en mi humilde opinión, no es porque no se pueda animar con casi total fluidez, sino para distinguirla de todo lo que son las películas de animación por ordenador.

A nivel visual la película tiene un estilo único, como ya es costumbre entre todos los estudios de animación. Un verdadero connoiseur puede distinguir los estilos de los grandes estudios de animación occidentales hasta cierto punto.

Pero, el estilo de Kubo (y, por extensión de Laika) es más único, por así decirlo. Toma bastante del estilo de Pesadilla antes de Navidad, película que Henry Selick, uno de los mandamases de Laika, dirigió. Sin embargo, el estilo ha ido distanciándose de Pesadilla para hacer con ello algo distinto.

En cualquier caso, la película es una buena elección para llevar a los niños puesto que, aunque no tiene miedo a ir a lugares relativamente oscuros para la psique de un niño, lo compensa con una saludable dosis de optimismo y buen humor.

Como cabría esperar para una película infantil, algunos de los adultos podrán prever algunas de las sorpresas del metraje, pero, es lo suficientemente entretenida como para compensarlo con creces.

Una película que no solo vale la pena, sino que se merece recuperar los (relativamente pocos) sesenta millones de dólares que costó.

Y, si las partes en las que frena son suficientemente disuasorias para vosotros como para no querer verla, como dice Lenika Cruz de The Atlantic, en esos momentos, uno puede, simplemente, sentarse y disfrutar de lo que la genial animación puede sugerir e inspirar.

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About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
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One Response to El Suricato habla, Ep. 52: Kubo y las dos cuerdas mágicas

  1. Miguel Ors Villarejo says:

    Está muy bien, hijo, pero debes tener cuidado con los anglicismos:
    “Un prospecto aterrador si jamás lo hubiera” no significa nada en castellano. Lo correcto habría sido: “Una perspectiva aterradora donde las haya”.
    El prefijo súper va unido a la palabra cuyo sentido modifica: las comidas familiares, en la Luna o en la Tierra, no son “súper incómodas”, sino “superincómodas”.
    El samurái “no responde a Hanzo”, sino que “responde al nombre de Hanzo”.
    Finalmente, cuando la película no funcionaba es porque “fracasaba en su intento por capturar mi atención”. Fracasar capturando tu atención quiere decir todo lo contrario: que pretendía no capturar tu atención, pero la ha capturado. (Por otra parte, habría sido más correcto utilizar el verbo “captar”, en vez de “capturar”).
    Besos,
    Papá

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