El Suricato habla, Ep. 43: Dos buenos tipos

Buenos días, tardes o noches, dependiendo de la hora a la que me estéis escuchando.

Esta semana voy a hablar de Dos buenos tipos, la nueva película de Russell Crowe y Ryan Gosling.

La película está dirigida y co-escrita por Shane Black, conocido por Kiss Kiss Bang Bang, película que volveré a ver en cuanto termine este párrafo.

(Pausa de algo más de hora y media)

*Se aclara la garganta*

También escribió el guion de Iron Man 3, por si Kiss Kiss Bang Bang no os sonaba.

En cualquier caso, la película (Dos buenos tipos, para ser claros) es una comedia de género negro, que no una comedia negra. Aunque también tiene algunos elementos de humor negro.

La trama del film sigue a Ryan Gosling y a Russell Crowe. Gosling hace de Holland March, un investigador privado de poca monta que saca todo su dinero de exprimir a sus clientes hasta el último penique. Es todo lo malo del detective privado clásico. Y sí, obviamente está alcoholizado. Como debe ser para esta clase de personaje.

Crowe es Jackson Healy, un matón a sueldo que quiere ser un detective privado porque “ellos ayudan a la gente”. Healy encarna todas las características buenas de los detectives privados. Es honesto hasta la médula. Aunque, de vez en cuando parta huesos. Ser despiadadamente violento no hace a alguien malo. Bueno. Creo.

También, tenemos a Angourie Rice, que hace de Holly, la hija de March. La niña no se siente cómoda con su padre, entre otras razones, porque su padre es deleznable y asqueroso. Pero hay más que se va descubriendo a medida que el metraje avanza.

La trama del film se ciñe bastante a las convenciones de género: seguimos a los protagonistas en todo momento, es decir, solo vemos lo que ellos ven y solo sabemos lo que ellos saben. Aunque todas las películas funcionan así, al igual que las novelas, muchas veces, el público puede inferir qué va a pasar a través de las pistas que el guionista y el director han ido dejando por el camino.

Sin embargo, en el género negro, es más común que nada tenga sentido hasta el final, cuando los protagonistas se reúnen con el villano o culpable. Por ejemplo, en El sueño eterno de Raymond Chandler, ninguno de los doscientos homicidios tiene sentido hasta que [redactado].

Es decir, durante toda la trama, el objetivo del director o autor es distraer al público y llevarles de una lado a otro a lugares que, aparentemente, no tienen nada que ver hasta que, en el último momento, todo encaja y tiene sentido. A veces, ni siquiera entonces.

En cualquier caso, la película empieza cuando un chaval ve cómo Misty Mountains, una actriz porno muere en un accidente de tráfico y un niño lo ve. Sin embargo, la tía de Misty Mountains, está convencida de que la muchacha sigue viva.

Así pues, lo que hace, es contratar a Holland March para encontrar a su sobrina que, claramente, está viva. La mujer está convencida de que la muchacha sigue viva. Holland March es, posiblemente, la peor persona del mundo, de manera que acepta para así poder sangrar a la pobre mujer. Bueno, en realidad es porque descubre que Amelia Kuttner, una chica desaparecida está involucrada en el caso, así que, entre otras razones, acepta para encontrarla. Y sangrar a la anciana. Seguro.

Por otro lado, tenemos a Healy, el matón a sueldo. Healy y March se cruzan cuando March empieza a seguir a Amelia. Ella quiere que la dejen en paz, de manera que contrata a Healy para que le dé una lección a March y a otras personas que la están intentando localizar.

March que, como un idiota, se cortó la mano intentando colarse en un bar para investigar, recibe a Healy en su casa y, como recompensa, le pega una paliza que le deja con un brazo roto.

Sin embargo, después de su “trabajo”, Healy se cruza con dos personas en su casa. Esos dos son los que estaban dando caza a Amelia. Después de echarles de su piso con una escopeta, Healy localiza a March de nuevo. March, obviamente, no le recibe con una sonrisa y brazos abiertos. Sin embargo, Healy unta las ruedas de March correctamente. Dinero, le da dinero.

Ahí es cuando la pareja empieza a intentar localizar a Amelia para llegar al fondo de lo que está pasando.

Desde ese momento, los dos personajes van de un lado a otro de Los Ángeles, intentando conseguir todas las piezas del puzle que han decidido completar.

Exploran desde los restos de una casa quemada, una fiesta con tintes de orgía y un evento de presentación.

En todo momento, como ya he dado a entender, la trama está cubierta, tapada y escondida, de manera que no se sabe qué puede pasar.

Esto es una de las características del género, como es la crítica social (que no puedo mencionar, porque eso significaría cargarse la trama), la represión sexual (en todo momento, el porno en el que Misty Mountains trabaja es casi ilegal y, desde luego, un tabú tremendo), un hombre totalmente recto y otro totalmente alcoholizado y deshonesto (muchas veces, estos dos personajes, Healy y March, son uno. Y no voy a explicar cómo se puede ser deshonesto y recto al mismo tiempo). También hay revólveres en sobaqueras y alguna que otra femme fatale. En resumen, esta película es el ejemplo perfecto de cómo se tiene que hacer algo de género negro.

Los clichés, normalmente, se asocian a malas películas. Sin embargo, hay algo que la gente olvida y es que, si se sabe utilizar un cliché como es debido, se puede hacer algo genial. No perfecto, pero sí genial. La cosa está en que los clichés son una herramienta muy útil para dar mucha información rápido y poder centrarte en otras cosas. Como Russell Crowe sacudiendo bucos como un condenado, por ejemplo. O abejas gigantes parlanchinas.

En cualquier caso, Dos buenos tipos es similar a Kiss Kiss Bang Bang, la otra película negra del director, en todo lo que se refiere a lo visual. Los planos son relativamente sencillos y oscurillos. Sin embargo, en todo momento hay algún color en pantalla, de manera que no queda monótono o desagradable.

Las peleas, por su parte, como todos los momentos de tensión, son fáciles de seguir. Están bien coreografiadas y son bastante sencillas. La cámara sabe a dónde apuntar y cuándo hacerlo, de manera que todo queda claro. Yo, personalmente, no tuve que hacer memoria en ningún momento para entender qué estaba pasando. Aunque, todo sea dicho, no había muchas variantes sobre la tonadilla original: Russell Crowe pegaba un puñetazo y tumbaba al oponente. Punto.

Las conversaciones estaban todas bien escritas. De hecho, el único personaje que no resultaba normal ni cliché era Holly, la hija de March. Y era porque era demasiado madura para tener la edad que supuestamente tenía. Sin embargo, puede ser que esto se deba a que rara vez se representa a alguien menor de dieciocho de manera creíble, de manera que, cuando sí se hace razonablemente bien, no quede del todo realista. A pesar de serlo más. Era un buen recordatorio de que los niños, por norma general, son más inteligentes de lo que creemos.

En resumen, la película funciona tanto como comedia (al menos para la gente con mi peculiar sentido del humor) y, también, como película negra. Utiliza todo lo típico del género y lo aprovecha al máximo, exprimiendo casi todo lo que se puede sacar.

Una película altamente recomendable.

Si, después de verla, os quedáis con ganas de más historias del género, os recomiendo que busquéis La pitillera de Carlos Ors en Amazon, para el Kindle. Y no lo digo porque sea una buena noveleta, sino porque la he escrito yo.

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About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
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