El Suricato habla, Ep. 41: Trumbo

Buenos días, tardes o noches, dependiendo de la hora a la que me estéis leyendo.

Esta semana, voy a hablar de Trumbo, una de las películas nominadas a los Oscar el año pasado. Siendo la clase de película que es (véase: cebo de Oscar), me acerqué a ella con cierta reticencia porque no tengo ninguna clase de fe ya en la Academia. Lo siento mucho, pero que en 2014 no ganasen La canción del mar en animación y, en mejor película, El gran hotel Budapest hizo que la poca fe que aún tenía, se evaporase como el rocío hace cuando empiezas a cacharrear con un lanzallamas.

Mis hermosas poesías aparte, Trumbo, protagonizada por Bryan Cranston es una excelente película.

La trama es razonablemente sencilla: en plena Guerra Fría, tras la Guerra de Corea, una caza de brujas empezó en EE.UU.: los comunistas son perseguidos por el gobierno americano.

Dalton Trumbo, uno de los grandes guionistas del cine americano ya por aquel entonces, es un miembro del Partido Comunista que, no contento con serlo, decidía participar en las huelgas de los carpinteros y distintos miembros del equipo técnico.

Rápidamente, el personaje es establecido como un buen tipo que hace lo correcto siempre. Y no voy a decir que no lo fuese, ni mucho menos. No sé lo suficiente del guionista de Espartaco como para hablar de él a nivel personal (vergonzoso, lo sé), pero algo que me molestó durante toda la película fue lo rápida e ineficientemente que se presentó la ideología del personaje. Puede que se hiciese de esa manera para mantener un mito, pero no me pareció aceptable.

En la escena, Trumbo está paseando a su hija a caballo y la niña, después de que a su padre le insulten en la calle por su ideología, le pregunta en qué consiste.

El personaje (puesto que estoy casi seguro de que en ese momento, Bryan Cranston interpretó a un personaje y no al verdadero Trumbo) le explica a su hija con una bonita analogía en qué consiste.

Sin embargo, la analogía que usa es una trampa. Pregunta a su hija que, si viese a alguien pasando hambre y ella tuviese comida, que qué haría. Obviamente, la niña dice que compartiría. A esto, el hombre responde que sí, que es comunista.

No voy a decir que la escena sea mala. Es una escena tierna en la que el personaje conecta con su hija, una de los hilos conductores de Trumbo a nivel personal en la película. Lo que me parece es que es una manera un poco falseada de representar una compleja ideología. Aunque, si lo pensamos bien, posiblemente, Ayn Rand sí habría tachado a la niña de parásito y, probablemente, la habría quitado del caballo y puesto a trabajar.

En cualquier caso, la película en general retrata a Trumbo y su familia y representa cómo la familia vivió el periodo que el guionista pasó entre rejas, cómo superaron sus diferencias, cómo él se desvivió por su familia y, al mismo tiempo, pagó con ellos su ira.

La película pinta un cuadro con increíbles matices y maravillosas conversaciones.

Sin embargo, a pesar de ser un convencido comunista, el personaje de Trumbo representa algo muy importante en la película y para los americanos en general: la libertad de expresión y de pensamiento.

El film, a lo largo de todo el metraje, lo que quiere expresar es la importancia de la diversidad de pensamiento en el mercado, aunque ellos no compartan la ideología.

Sin embargo, hablar de Trumbo y no mencionar al resto del reparto sería una injusticia.

De entrada, tengo que mencionar a Louis C.K., uno de mis humoristas favoritos. Su papel como Arlen Hird es genial. De hecho, con él, Trumbo mantiene una conversación acerca de la “hipocresía” que, a pesar de querer ayudar a los trabajadores, vivía rodeado de comodidades y lujos.

C.K. ha demostrado con su serie, Louie, que es capaz de llevar un papel serio cuando hace falta. En esta película lo lleva al extremo.

Hellen Mirren como Hedda Hopper, la famosa actriz y columnista, hace un papel de “villana” increíble, haciendo que un amigo mío se alegrase y le hiciese un corte de mangas cuando Trumbo explicó quién era en realidad. Digo villana como lo digo porque ella, en realidad, lo único que estaba era al otro lado de Trumbo. Adversaria, quizás un término, sea más acertado.

Sin embargo, mi actor favorito, es John Goodman haciendo de uno de los hermanos King, simple y llanamente, porque retoma su papel de Walter Sobchak de El Gran Lebowski pero, en lugar de ser veterano de Vietnam, es productor de cine.

Otro problema que tengo con la película (que apuntaron un par de amigos míos) es que, en el discurso final, Trumbo está hablando mientras recibe un premio, en todo momento tiene un foco azul apuntándole desde detrás de la cabeza. Desconcertaba un poco y, sobre todo, me llevó a imaginar cómicas conversaciones entre el técnico de iluminación y su director.

En resumen, la película me ha parecido una gran historia y, a pesar de que el discurso final no terminó de gustarme por alguna razón que ahora mismo no soy capaz de definir, sigue teniendo razón.

No creo que me arriesgue afirmando que esta va a ser una de las diez mejores películas de este año en El Suricato habla.

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About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
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