Idiocracia no es tan idiota

El otro día (hace un mes o dos) un amigo y yo decidimos ver una película. Ambos estábamos cansados física, pero no mentalmente. Así pues, elegimos una película corta y, aparentemente, estúpida: Idiocracia.

La premisa de la película es sencilla: un hombre perfectamente normal, Joe (un chiste genialmente agudo, puesto que es un “average Joe”, literalmente, un tío normal) es congelado junto con una prostituta para probar un nuevo sistema de crionización del gobierno.

Sin embargo, unos problemas internos en los más altos escalafones del gobierno llevan a que el programa se olvide y tanto Joe como la chica (cuyo nombre no recuerdo, lo siento) sean abandonados. Ambos despiertan 500 años más tarde, en la gran avalancha de basura de 2505.

Así es como se pone en marcha la trama: Joe despierta en un planeta Tierra en el que una selección natural inversa ha llevado a que todo el planeta esté plagado de idiotas. Y antes de que alguien haga algún comentario acerca de que la Tierra ya está llena de idiotas, diré que sí, que tienen razón; pero la idiotez de los pueblerinos del 2505 no tiene parangón.

De esa manera, Joe se despierta e, inmediatamente, va al hospital, donde es tratado por un médico que se sentiría más a gusto sustituyendo a Keanu Reeves en Las alucinantes aventuras de Bill y Ted que llevando una consulta en un hospital.

Pero bueno, no voy a “analizar” esto cinemáticamente (no demasiado, al menos), sino socioeconómicamente.

El primer “problema” que vi que la película tenía era la economía. La economía es planteada como una superinflación. Sin embargo, inmediatamente, vi un problema: un dólar, equivale, aproximadamente, a unos 2000 en 2505. Parece un problema, ¿no?

En realidad, no es así.

Pensemos en la mayor hiperinflación de la historia: Zimbabue, finales de los 90 (1990, no 2490 o algo así). La inflación llegó a tales extremos que no solo cambiaron del dólar zimbabuense al americano, sino que en los servicios de los restaurantes se pedía que no usasen billetes de 10 millardos de dólares para limpiarse el trasero. Pensemos en lo que esto quiere decir: era más barato limpiarse con dinero que ir al supermercado a comprar papel higiénico.

Sin embargo, en los EE.UU. de Idiocracia, la inflación ha frenado mucho. Si asumimos que la inflación es constante desde 2005 (que no, ninguna economía se iría tan rápido al retrete. No estoy hablando de un par de años, sino que, en cuanto se congela a Joe, la inflación decae), la inflación, en lugar del 2% anual al que se aspira normalmente, tendría que ser de un 1,5%.

No parece gran cosa, pero sí podría suponer un problema a la larga. No será una tragedia, pero sí supone una inflación más lenta durante 500 años (en el mejor de los casos). Como todos sabemos, una deflación es devastadora (peor que una inflación), pero un crecimiento continuo de un 1,5%,  a pesar de no seguir el ritmo habitual, con medio milenio siguiendo este ritmo, la gente se habría acostumbrado. U olvidado de los periodos de riqueza de principios de milenio.

La otra opción es que, durante 384 años (aproximadamente, no me fío demasiado de la calculadora del móvil), hubiese habido un crecimiento económico normal y, los restantes 116 años, hubiesen sufrido un estancamiento económico (francamente devastador para lo que nosotros conocemos). Para una sociedad de idiotas, sin embargo, sería más que de sobra para olvidarse de aquel maravilloso periodo de crecimiento.

Después de todo, lo único que leen son revistas de porno softcore, no creo que vayan por la vida leyendo The New Yorker. Quizás sí The Atlantic, pero nunca podremos estar seguros.

En el primer caso, como mi padre apunta, no es malo, es una inflación moderada. Algo, más bien, maravilloso.

En cualquier caso, aunque trágico, los idiotas de esta sociedad son conscientes de que puede haber un problema con la economía de la misma manera que yo sé cómo funciona un microscopio electrónico: me lo han contado. No creo que, realmente, la economía les importe demasiado, de la misma manera que a mí no me preocupan sobremanera los microscopios electrónicos.

De hecho, si es el primer caso, la economía va bien. Así pues, para que esta tragedia tenga sentido, asumamos que no han crecido nada y se han quedado parados durante más de un siglo. Y aun así, no sería tan malo.

Lo que quiero decir es que, en realidad, la “inflación” de la película no es una catástrofe.

Pero la economía no supone el mayor problema de esta sociedad (ni siquiera lo es, en realidad). No, el problema real es la idiotez. Sin embargo, a pesar de que la idiotez es un problema, tiene unas ventajas muy claras.

Cuando conocemos a nuestros idiotas protagonistas es a través del juicio de Joe. ¿Qué hacen? Se burlan de él porque es diferente. Algunos dirán “¡Qué cretinos!”.

Yo, un poco más pesimista, diría que, en realidad, son personas normales y corrientes. Yo he hecho chistes a costa de gente distinta a mí y puedo decir esto: no había malicia detrás, de la misma manera que creo que no había malicia detrás de los chistes de estos idiotas.

Lo único que todos buscan en el juicio es, realmente, justicia. No se molestan en conseguir todos los datos, vale, pero son idiotas.

Son como un niño que sentencia rápidamente a un amigo porque ha cometido un error. No hay malicia. ¿Se está haciendo daño? Innegablemente, pero la ausencia de malicia es un maravilloso consuelo. No es un ataque ad hominem. Es más bien, un ataque estupidum.

La siguiente vez que conocemos a un idiota es cuando la mujer que acompañó a Joe empieza a aprovechar su experiencia como mujer de la noche.

¿Qué descubre? Que no tiene, si no quiere, que acostarse con estos idiotas. Basta con que les diga que lo va a hacer en el futuro para que les paguen.

En otro momento, cuando Joe es encarcelado, huye de la cárcel diciendo que a él le toca irse de la cárcel. Si no fuese porque un ordenador se lo recuerda al segurata, su huida habría sido perfecta.

Esto, obviamente, son chistes.

¡Oh, cuánto nos reímos mi amigo y yo! Sin embargo, denota otra característica de esta idiocracia: la gente es, fundamentalmente, honesta.

El hecho de que Joe pueda decirle a un guardia de prisión que a él le toca salir de ahí y que este le crea, sin preguntar nada, nos da a entender que nadie es suficientemente inteligente como para mentir.

Esto es maravilloso: los políticos son gente honesta. Y, al serlo, sus intenciones son “puras” (todos tienen armas automáticas a mano en el Parlamento, no para matarse entre ellos, sino para llamar la atención de los demás). Los políticos quieren salvar a sus compatriotas de verdad. No buscan únicamente el poder.

El presidente, por ejemplo, es un excampeón de lucha libre. Como tal, tiene acceso a una ametralladora ligera para llamar la atención (en lugar de lo que parece ser el clásico subfusil de los demás). No lo digo porque sea importante para mi análisis, sino porque me hace gracia la idea de un presidente americano vestido en mallas azules, blancas y rojas disparando una ametralladora alimentada por un cinturón de balas.

Pero bueno, el presidente Camacho confía tanto en sus ciudadanos que da fiestas en el patio de la casa blanca. Y sí, sus guardias de seguridad están presente (armados con el lanzagranadas reglamentario), pero se preocupan más por pasárselo bien más que por, bueno, hacer su trabajo como es debido.

¿Qué significa esto? Que el magnicidio es un crimen del pasado. Aunque se supone que, hoy por hoy, también lo es, en nuestro caso es porque es casi imposible llevarlo a cabo. En el año 2505, es un crimen del pasado porque nadie quiere matar a Camacho.

La película intenta retratar un mal futuro para la sociedad americana. Tristemente, no lo hizo del todo bien y, viendo los futuros que parecen desplegarse delante de nosotros ahora mismo, no termina de parecer una mala opción.

Y, como se apunta siempre, ¿y si llega alguien que se aprovecha del sistema honesto? Bueno, no parece que nadie sea lo suficientemente inteligente para hacerlo salvo Joe y, como vemos en el film, Joe es un buen tipo.

En el mejor de los casos, este equilibrio se mantendría. En el peor, volvería a haber corrupción. Pero la economía no está tan mal en esta idiocracia, así que no estarían tan mal. A lo mejor, ni siquiera se darían cuenta. ¿Quién sabe?

Sin embargo, el mensaje final (expresado a través de un discurso de Joe), sigue siendo válido: Leed, sed sensatos, tened un poco de sentido común, pensad antes de actuar…

En cualquier caso, aunque me equivoque con esto que he dicho, sí que tengo razón en lo siguiente: Idiocracia merece la pena, aunque sea para pasar un rato divertido.

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About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
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