No tengo ni idea de “Fast and Furious”, pero eso da igual

Habiéndome quitado eso de en medio, empezaré.

De hecho, no. Voy a seguir enorgulleciéndome un poco de mi estupidez (que no se diga que no peco de uno de los siete pecados capitales) acerca de una serie de películas que es: a) tan estúpida como yo y b) una máquina de imprimir dinero. El único nombre que me sé de los personajes es el de Dominic Toretto (Vin Diesel).

Al resto de personajes les conocía por sus nombres reales. ¿Negro número 1? LudaCris. ¿Negro número 2? Tyrese Gibson. ¿Mujer A? Michelle Rodríguez. ¿Único protagonista perfectamente caucásico que se murió durante el rodaje? Paul Walker. ¿Antagonista, uno de los mejores actores que hay y uno de los amores de mi vida? Jason Statham. ¿Roca andante? Dwayne “The Rock” Johnson.

Bueno, lo he dejado claro, ¿No?

Ahora sí que empiezo de verdad.

Esta película le ha gustado bastante a muchos críticos a los que sigo y admiro (los coLégolas de Roger Ebert y MovieBob, por ejemplo). No la han llamado una obra maestra, pero dan a entenderlo.

¿Qué opino yo? Que lo es. Innegablemente. Indudablemente. Evidentemente. Totalmente. Adverbialmente. Sobre todo adverbialmente.

La película es lo que es: faldas cortas, coches rápidos, armas automáticas. Lo único que le falta, según un amigo mío, son putas baratas y es uno de nuestros brindis más completos.

Es entretenimiento sencillote. No es que sea malo. Es entretenimiento sencillote del bueno. No como las películas de Michael Bay, cuyas tramas tienen tantos agujeros que no resultan prácticas ni como coladores.

Fast and Furious 7 tiene una historia consistente con su propia lógica interna (aunque no tanto con las leyes de la física tal y como las conocemos. O las de la fisiología humana)

Volviendo al trapo.

Tras la sexta entrega (la de la pista de aterrizaje de 100 kilómetros, sí), que había sido lo que en inglés se llama over the top, esta vez, se han quedado a la misma altura. Es decir, no han seguido el explosivo camino que habían determinado las películas anteriores.

Se han quedado a la misma altura que en la entrega anterior.

Bueno, descontando el uso del superdeportivo árabe de 3,5 millones de dólares que usaron para saltar entre las torres Petrona. Según uno de los productores, eligieron ese coche porque: “si vives en un sitio donde la gente va a su Starbucks local en Maseratti y quieres alardear, te hace falta algo caro de verdad”.

La trama es la de un “slasher” clásico pero con coches en lugar de cuchillos. Y el asesino en cuestión no es tan eficiente como debiera. Los “slashers” son máquinas imparables de matar, incluyendo a algunos de los protagonistas. En este caso, este tío (Statham) no raja ni las ruedas de los coches (es un juego de palabras. “To slash”, en inglés, significa “cortar”. ¡Qué chispa tengo!).

Pero bueno, la historia es que, en la sexta, le dan de tobas al hermano de Jason Statham (él se hace llamar no-sé-qué Shaw), así que Statham tiene que matar a todo quisqui. Y esa escena es la mejor de toda la película (descontando, quizás, el tributo a Paul Walker).

Os la describo.

Primer plano a Statham y luego a su hermano. Statham empieza a recordar su infancia, cómo él siempre rescataba a su hermano pequeño de los abusones y lo típico. La cámara se va alejando del actor/modelo británico al tiempo que gira.

¿Qué se ve?

Una sala de hospital con cuatro o cinco miembros de lo que creo es el C019 (Specialist Firearms Command) muertos en el suelo, con suficiente plomo en el interior de su cuerpo como para que resulte imposible salvarles aun estando en un hospital, que es donde se encuentran.

Así pues, Statham sale del hospital pero no sin antes tirar una granada (porque claro que sí). De esta manera tan poética nos presentan al antagonista de la película y acaban con un hospital en el centro metropolitano de Londres. Fast and Furious 7 puede ser sencilla, pero es increíblemente eficiente.

Lo que sigue es… un montón de tonterías divertidas como las que acontecen en la saga de Los Mercenarios (y no sé qué pensar acerca de que Los Mercenarios ya sea una saga). Hay coches potentes que hacían temblar la sala y que mis tímpanos sangrasen. Había algunas armas automáticas. Y también había suficientes planos de traseros como para que no supiese qué pasó en los veinte minutos siguientes.

Conclusión:

Fast and Furious 7 es una película que da lo que promete: coches, culos y armas.

Es increíblemente cliché.

Es cursi como solo las pelis llenas de testosterona pueden serlo. Por ejemplo, cuando los personajes hacen algo bonito ­– como volarle la cabeza a un malo –, el público aplaudía. Había frases tan cursis como saludar a la chica a la que amas con un boombox sobre tu cabeza. Pero no eran cursis porque FF7 es una película de Hombres con “H” mayúscula.

La escena final fue, como cabría esperar, un tributo a Paul Walker, el actor que falleció durante el rodaje. Era muy emotiva y bonita cierto. Sin embargo, conseguí arruinar la belleza de la escena comentando la obvia metáfora de las carreteras que separan al personaje de Diesel y Walker (las carreteras se separan porque, a partir de ahora, seguirán caminos distintos).

En resumen, una película entretenida para ver si uno es un descerebrado, como lo eran todas las personas con las que compartí sala de proyección y una obra maestra para los amantes de ese género.

6,75/10

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About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
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