Surfeando ecuaciones diferenciales.

Lo primero es lo primero: El destino de Júpiter no es una película mala. No es una película buena, ni mucho menos, pero no es mala. Lo menciono porque, según me han dicho, muchas páginas de crítica de cine la han tachado de mala, pésima u horrible. No es cierto. El destino de Júpiter es mediocre.

Fui a verla emocionado y queriendo que me gustase como lo hizo The Matrix, la película que lanzó a los Wachoski’s a la fama. Es una idea gigantesca, fresca (hasta cierto punto) y, ante todo, de ciencia-ficción clásica.

El film es ciencia-ficción pura y dura. El tipo que haría que Ray Bradbury y Douglas Adams quisiesen seguir vivos… si la película hubiese estado bien hecha.

Empezaré con lo bueno.

Los diseños. A mí me encantaron. La estética de las películas de estos hermanos siempre me ha gustado. No es práctica, pero, visualmente hablando, todo me pareció una chulada.

Las referencias a sus predecesores están ahí: Futurama, Brasil, Flash Gordon… Sin embargo, al informarme acerca de la película, descubrí que había sido redirigida por el estudio para hacer algo menos sesudo que lo que la pareja de hermanos tenían en mente. Porque eso es lo que hay que hacer con una película de los Wachoski’s.

Estos hermanos trajeron a la atención del público las películas sesudas de ciencia-ficción, un género diseñado para hacer pensar al público. No hay que intentar hacer otra cosa con ellos. Puedes redirigirlo, pero siempre teniendo en cuenta que son sus ideas las que hacen sus pelis interesantes y memorables. Es decir: la base del film tendría que haber sido lo que se usó de trasfondo, no las peleas y aventuras.

Empieza como casi todas las películas de ciencia-ficción: con narración. La película empieza con Júpiter (Mila Kunis) hablando de sus padres y de cómo se conocieron en Rusia (o un país al otro lado del telón de acero). Sin embargo, es el único momento en el que ella rompe la cuarta pared. Esa explicación podría habérsela guardado para dársela a Caine (Channing Tatum) en una conversación y habría sido genial.

La película en sí es similar a The Matrix: hay unos malos que cultivan humanos como ganado. Poco más hay que decir del universo de El destino de Júpiter.

Los personajes, por su parte, tienen conversaciones muy serias (imaginad que lo estoy diciendo con una voz ominosa a la par que sarcástica). En algunas películas, dependiendo del ritmo, puede funcionar. Si este film se hubiese desarrollado de otra manera, habría quedado genial. Sin embargo, por cómo se desvela a los personajes, cojea.

Por no decir que, si tus personajes son rusos, en su casa no van a hablar en inglés y, ocasionalmente, en ruso­. Más bien al revés. La madre rusa hablaría con su hija en ruso. No en inglés. Lo de los subtítulos le molesta a poca gente. Malditos Bastardos necesitaba subtítulos un noventa por ciento del tiempo y a nadie le importó. No voy a empezar a hablar de por qué los alienígenas hablan inglés. Por mucho que quiera.

Otro problema está en que se inventan palabras cuando hay palabras o expresiones reales que dicen precisamente lo que ellos querían decir. Véase: “genoingeniería” en lugar de “ingeniería genética” (Bonus round: explicar que tus botas antigravitatorias funcionan “surfeando ecuaciones diferenciales” es la manera más rápida de antagonizar al público ingenieril).

Finalmente, las escenas de peleas están mal editadas. Aunque hay gente que dice que, como en una pelea o batalla, no te enteras de nada de lo que pasa a tu alrededor, una pelea confusa está editada de manera realista. Lo siento, pero no. El público tiene que saber quién es quién y qué está pasando con tan solo echar un vistazo a la pantalla. Por eso, precisamente, muchas películas distinguen claramente a los buenos de los malos (las tropas imperiales en Star Wars, la Coalición de Gaia en Capitán Harlock…); para que se sepa lo que pasa.

Conclusión:

Una película capada por el estudio que la produjo. Personajes poco consecuentes y un ritmo malo hacen la película poco atractiva. Una idea central buena (casi genial) con la que no se hace nada de provecho.

Siendo una película de ciencia-ficción, quiere que el público reflexione. Y eso se hace, pero no se piensa en el súper-capitalismo o lo que sea que nos quieren decir (¿los alienígenas-humanos son malos? En serio, no tengo nada claro el mensaje). Uno no puede evitar pensar en cómo se elige a los directivos de los estudios. Mi hipótesis es que les dan una caja de Manley y el que se las come más rápido pasa a llevar una parte del estudio.

Un detalle interesante es la explicación de por qué no sabemos que hay alienígenas. Sin embargo, Júpiter, tras recibir la explicación, la recibe como si le acabasen de decir cómo cambiar de canal con el mando del Digital +.

Finalmente, hay una escena en el infierno burocrático del universo de la película que resulta graciosa. Una combinación de Brasil, la Burocracia Central de Futurama y ese pasaje de Las doce pruebas de Asteríx.

Descontándola, El destino de Júpiter es una película que prometió ir lejos, lo intentó y se cayó de bruces.

5/10

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About Suricato de Asalto

Soy un suricato amaestrado. Me dedico a bailar sobre teclados y hablar de muchas cosas distintas.
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